Boda en Marqués de Riscal

El reportaje de bodas que hoy os presentamos es el de una pareja que vive a caballo entre Aragón y La Rioja, Carlos el novio es natural de Monzalbarba, un barrio de Zaragoza y Leyre la novia de Logroño.

La novia eligio para la ocasión un precioso vestido blanco de corte sirena con detalles de pedrería en la cintura y la espalda con gasas semitransparentes para los hombros de la diseñadora murciana Mercedes Cánovas que enmarco con un velo de tul de seda gris, bordado en hilo de plata de La Parisien.

Como joyas solo lleva el anillo de pedida, una pulsera antigua de oro blanco y diamantes y unos discretos pendientes a juego, que más tarde cambio por unos grandes de Sancy en plata envejecida.

Los zapatos de la ceremonia y el baile eran ambos de bibilou shoes los de la ceremonia color plata a juego con la pedrería del vestido.

Y el novio con un impresionante esmoquin azul, chaleco en blanco roto, corbata de corazones azules y pañuelo a juego, todo de la tienda “Galy” de Logroño.

La nota de color la pusieron los invitados y sobre todo los pajes, 7 pequeños de entre 1 y 6 años, todos sobrinos de la novia (hijos de amigas), que iban vestidos por Marta Ussia.

El escenario elegido para el enlace fue La iglesia de San Andrés de Elciego bien de interés turístico cultural con antecedentes góticos donde se celebro una ceremonia baturra en honor a Carlos, familiares y amigos maños con jotas y cánticos aragoneses que la hizo muy especial.

Como no podía ser de otra manera, tras la ceremonia los novios y todos los invitados bajaron a pie hasta el incomparable e idílico marco que brindan las bodegas Marques de Riscal donde como grandes amantes que son del buen vino, la buena cocina y las largas sobremesas, disfrutaron junto a familiares y amigos de una comida tipo cocktail en la que degustaron los vinos de las propias bodegas y las distintas exquisiteces de la zona como son la famosa croqueta del Echaurren de Ezcaray, jamón  5 jotas de corte esencial y caviar de vino tinto entre otras.

El postre, haciendo un guiño a la familia de la  novia, era una “tarta de queso de Cameros con manzana”, ya que su familia desciende y veranea allí.

Tras los postres tuvimos el placer de escuchar y bailar a ritmo flamenco, regalo de un amigo a los novios.

Entre bailes, copas y risas despedimos en este enclave mágico a nuestro queridismo amigo y mejor fotógrafo Roberto Ramos quien nos brindo la oportunidad de ser testigos privilegiados de el amor que se profesa esta pareja de novios, a los que les deseamos una vida igual de divertida y agradable que el día de su boda.

Leire, Carlos, muchíisimas gracias por ser como sois, por habernos tratado como a uno mas de vuestros invitados, por esas botellitas de vino, por vuestra amistad y cariño y por esas fotografias en las que nos etiquetais dandonos mucha envidia.

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